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Con la intención de fortalecer la integración y la vivencia intercultural, la Universidad Madero organizó una excursión en Teotihuacán y Xochimilco. La actividad reunió a estudiantes internacionales que cursan su semestre de intercambio en la UMAD, entre ellos Alejandro Ávila y Juliana Álvarez, estudiantes de Colombia. Aunque la salida se presentó como una visita guiada, tomó el rumbo de una experiencia transformadora.

Desde el inicio, la energía del grupo fue distinta. Además, el trayecto permitió que los estudiantes se conocieran más allá de los salones, creando lazos que difícilmente se construyen a través de tareas o exposiciones. Para muchos, este viaje representó su primer contacto directo con la historia mexicana.

Teotihuacán: caminar sobre historia

La primera parada fue Teotihuacán en la excursión, una de las civilizaciones más importantes de Mesoamérica. Mientras recorrían las pirámides y los restos arqueológicos, varios estudiantes expresaron sorpresa frente a la magnitud arquitectónica del lugar. “Es impresionante cómo todo está conectado”, comentó Alejandro, reconociendo la precisión cultural que caracterizó a los antiguos habitantes.

Asimismo, la guía narró mitos, rituales y tradiciones que sorprendieron al grupo. Por lo tanto, la visita no solo ofreció un panorama histórico, sino también una mirada más profunda sobre identidad y cosmovisión. Para Juliana, entender el pasado mexicano generó empatía hacia el país que ahora la recibe como estudiante.

Xochimilco: tradición que flota entre color y música

Después del recorrido arqueológico, los estudiantes navegaron por los canales de Xochimilco, Patrimonio Cultural de la Humanidad. Entre mariachis, trajineras y flores, la convivencia tomó un matiz más cercana. El ambiente permitió pláticas con estudiantes mexicanos, intercambio gastronómico y muchas fotografías para guardar el recuerdo.

Además, la música y la comida crearon un espacio donde la cultura se vivió más allá de los libros. Para Alejandro, “Xochimilco fue una sorpresa total”, ya que jamás imaginó un lugar tan colorido y lleno de vida. Por otro lado, Juliana compartió que la calidez de las personas le hizo sentir que México es un hogar temporal, pero significativo.

Aprendizaje experiencial que transforma

Más que una salida recreativa, la excursión representó un laboratorio cultural. Los estudiantes aprendieron historia, pero también habilidades sociales, adaptación y respeto a la diversidad. Asimismo, reforzaron la convivencia y el sentido de comunidad dentro de la UMAD.

Este tipo de actividades permite que los jóvenes reconozcan el valor de experimentar la cultura en su propio territorio. En consecuencia, el intercambio académico se convierte en un proceso integral que forma profesionales con visión global.

UMAD: comunidad global que construye amistades

La Universidad Madero reafirma su compromiso con la internacionalización y la formación humana. Cada experiencia de intercambio es una invitación a descubrir nuevas perspectivas, generar empatía y comprender el mundo desde lo intercultural. Finalmente, la excursión dejó claro que aprender también implica caminar, observar, escuchar y compartir.

Fotografía por: UMAD

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